Todo lo que nos alegra, todo lo que nos hace feliz, lo que nos pone triste, lo que nos enfurece, tiene una raiz, nuestro ego.
Aceptar esto es difícil, porque nos hace absolutos responsables, porque enfermizamente necesitamos de las tristezas y de las broncas, y además disfrutamos de las alegrías y la felicidad. No ser parte de esto nos obligaría a desconectarnos del mundo, de los afectos, de nuestras relaciones. Y no nos parece que fuera una solución, aunque considerarámos que es la verdad.
La búsqueda del punto medio o del estado que nos ilumina la verdad que subyace a toda manifestación sentimental no tiene una única respuesta y el alcance de esta realidad no es constante, no es eterno. Intuyo que la fluctuación entre ese punto medio y los extremos es natural. Lo que no es aconsejable es alejarse mucho del centro.
Lo que en textos herméticos se le llama transmutación mental ayudaría acercarse a ese punto o al lado opuesto. Según mi observación es la aplicación del conocimiento de la existencia del centro, y en oportunidades la intención de alcanzar el otro polo.
jueves, 2 de enero de 2014
Substrato
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario